Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

marzo 31, 2003

¿Ya hiciste tu lista?

Para Erika

Hay personas a quien les da por hacer listas. Me gustan sobre todo las que realiza el canal People and Arts. Mi favorita es la de las diez mejores montañas rusas del mundo. Pero el tema es otro. Varias amigas mías están haciendo la lista de los hombres y mujeres con quiénes han ido a la cama.
Este intenso recuento es un trabajo de antropología sexual y los daños psicológicos en quién realice esta lista son responsabilidad propia. Es un proceso delicado.
He visto algunas de esos listados. Como regularmente los humanos tendemos a movernos en círculos demasiado cerrados pude constatar que en las listas de mis conocidas estan presentes: algunas de mis exparejas, muchos amigos, un nombre fijo en casi todas las listas (el típico con el cual todas se han acostado), un músico (predominan los guitarristas y bateristas), algunos escritores, hordas de periodistas (hasta los que uno dice, “¿con ese te acostaste? Andarías muy urgida"), cubanos (a fuerza), un gringo de unas vacaciones, un francés de un curso de verano o un español que vino a, no sé, darnos espejos y cuentas.
Como es un proceso igual de traumático que la hipnosis regresiva, sugiero que para hacer esa lista se lleve a cabo un protocolo que proteja la vulnerabilidad de las memorias personales.
- Lo primero a considerar es hacer la lista en un cuaderno y ponerlo en un lugar seguro. Con más razón si tienes una pareja en la actualidad: nunca falta que te hayas acostado con su mejor amigo cuando empezabas la relación con el individuo. Y es muy feo que dos amigos terminen una relación por una mujer. También no es necesario compartir la lista con todas las amigas, aunque sean las más cercanas. Puede ser posible que hayas ido a la cama con su hermano o con su prima y no ella no sabía.
- Empieza en orden cronológico del más reciente hasta el primero. O inicia por el último y el primero y pones en medio a los demás. Los huecos se irán llenando: uno remitirá a otro.
- Es de mal gusto poner detalles como tamaños de la genitalia o que no tuvo erección. O puedes ponerlo y luego borrarlo para mayor diversión.
- En el recuento va de todo: esposos, novios, amantes y camazos.
- Habrá muchos que tu memoria no quiere reconocer. Hay que ponerlos. Aunque sea con las iniciales. Así quedarán registrados en el recuento aunque más tarde la mente los vuelva a bloquear.
- Otra cosa importante: borracha sí cuenta. Si crees que pasó, pero estabas ebria y no recuerdas, entonces si pasó.
- ¿Has olvidado su nombre y sabes que debes incluirlo en la lista? No es necesario ir a buscar a tus amigos de hace cinco años. Simplemente poner una denominación que describa al sujeto. Por ejemplo: bajista de Cómplices después del concierto o tipo disfrazado de vampiro en Halloween del 97.
- Si quieres llevar un conteo entonces sería buena idea elaborar la lista en un documento de word y en el formato lista.
- Recomendaciones generales: el amor de tu vida debe ir en la lista: no es Dios encarnado. Los nombres muy conocidos, como de políticos corruptos, narcotraficantes, sacerdotes o gente indeseable deben ir con descripción para evitar implicaciones escandalosas o problemas con la ley si la lista es encontrada.
Lo importante del recuento es ver la evolución que has tenido a través de los años, desde que iniciaste tu vida sexual. Pasar por las emociones diversas que cada pareja erótica ha dejado en tu existencia será enriquecedor: de la sorpresa y pasmo de la primera vez a transitar por la honda pasión.
Saborear la memoria de la calentura instantánea, el camazo etílico, el fornicio musical, el erotismo y la intelectualidad... O recordar la compasión por alguien a quien no deseabas tanto, o el “¿por qué no? No tengo nada qué hacer".
Esa lista debe llevar a la mente hacia el primer menáge a tríos o al cruce de línea sexual más poderoso en la vida. Hasta el tedio del sexo con la expareja en los días del quiebre es ilustrativo (de lo que no se debe hacer). Espero que ese recorrido emocional y mental lleve a quien hace la lista a aterrizar al lado de la última pareja, de la cual ojalá, todas estén enamoradas...(Es el mejor sexo, el amoroso) (31-Mar-03)

marzo 23, 2003

P: ¿Quién necesita un hombre? R: Todas...

Alguien me decía hace poco: ¿cómo esta chava de 24 años se puede fijar en mí, le llevo más de siete años y ya tengo hijos y soy divorciado, y además esta enamorada de mí? La respuesta inmediata, automática y no políticamente correcta, fue: “es que ya no hay suficientes hombres”. Él lo tomó bien. Considerando el ego masculino, no me dio un zarpazo en la cara ni intentó apedrearme la casa.
La llamada independencia femenina es una falacia en muchos casos. Aclaro, no en todos. Somos pocas las mujeres inteligentes que no necesitamos de un hombre a nuestro lado, aunque siempre lo tengamos: para nuestra desgracia o felicidad absoluta. Pero todas quieren un macho. A todas les urge. En silencio o de forma manifiesta, pero el hombre es necesario para aceitar la maquinaria.
Y no estoy hablando del hombre que se levanta en cualquier antro o en la party, el típico camazo a quien no puedes recordar en una semana. Me refiero que todas quieren al hombre con quien pasar su existencia. Cosa que no existe. Al que van a amar y serle fieles toda la vida. Cosa que no existe. Quien las haga mejores personas y sea a quien puedan admirar siempre. Tampoco existe.
Las opciones son como siguen: aceptar que no hay suficientes hombres y resignarse a los camazos etílicos o aceptar al primer portador de testículos y pene que se atraviese. Una opción saludable (la más sabia) en ocasiones, es la soledad. Que tampoco existe como un absoluto porque nunca falta un acomedido que te ayude a levantar la falda y a bajar las bragas.
Pero... por salud mental, es un gran avance no meterse con este tipo de hombres:
(Algunos) casados: son buenos amantes, pero siempre andan urgidos y pueden resultar empalagosos. Si se lleva una relación a largo plazo con ellos terminan arrobados de amor y haciendo (y diciendo) estupideces. Luego es una gran bronca pensar qué hacer con ellos cuando están en la esquina cercana a tu casa con su maleta (que la esposa le aventó). Poseen una ventaja: son hombres domesticados. Como una mascota. Cuando entran a una casa limpian sus pies en el tapete y llevan su taza al fregadero. Son lindos, pero aburridos y les urge una nueva ilusión. Y el futuro siempre es incierto a su lado.
Los perdedores con iniciativa: resultan encantadores los primeros cinco minutos y los siguientes cinco meses es como un estudio complejo de puericultura. Viven como adolescentes, intentan ligarse a adolescentes y creen que las bailarinas de los tables les hacen los privados porque ellas quieren ligárselos. Tienen la consigna en el amor de que “el que se clava pierde” y su mamá los quiere mucho. Su papá los odia. Es extremadamente difícil deshacerse de ellos. Las relaciones nunca terminan con ellos en paz: si no hacen un terrible drama cuando los abandonas, optan por la violencia o por escándalos en la vía pública.
Los borrachos: estos si tienen capacidad de compromiso absoluto, pero con quien les sirve el trago. Desarrollan altos niveles de patetismo y sus erecciones son cuestiones de fe. (Este ejemplo serviría, con ciertas restricciones, para los fumadores compulsivos de marihuana)
Los polígamos: entrar a la comunidad de un polígamo es como cuando una se forma para sacar la credencial de manejo: te atienden cuando es tu turno. Además tienen la certeza absoluta de que ellos deben de tener varias mujeres y que ellas al unirse al clan poseen la obligación de conformarse con la situación.
Si es verdad que no hay suficientes hombres entonces no veo la necesidad de poseer uno que forme parte de los despojos humanos.
La soledad lleva muchas veces a escuchar la templada voz del silencio. Mejor perder el miedo a estar sola asumiendo la falta de hombres que mantener a un individuo abyecto que ronca y contamina con su pie de atleta la regadera.
Tarea: paguen un privado en un stripper. No es el hombre para toda la vida pero serán los mejores 10 minutos por solamente 200 pesos (Estas tarifas son sujetas al área en donde vivan). (28-Mar-03)

marzo 13, 2003

Situaciones poco confortables

Preguntas: ¿qué hacer si nuestra pareja se muere y nosotros no somos su pareja “oficial” (o sea somos el o la amante)?, ¿qué hacer si somos la amante o el amante y se aparece un fantasma del pasado?, ¿por qué conseguimos parejas que tienen hijos, si nosotros ya tenemos hijos? (¡dónde están los hombres estériles, por Dios! ¡Dénme sus teléfonos!).

1) El día del funeral llegó mucha gente a rendirle el último culto al cuerpo de Ricardo (los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de los vivos y del muerto). Entre los que fueron a cafetearlo estaban sus padres, su hermano, sus medios hermanos y las madres de sus dos hijos, con los respectivos críos. Al buitrerío llegó también la última mujer de Rick: no era su esposa, no tuvo hijos con ella, más de la mitad de los presentes sabía de la existencia de la interfecta, pero nadie la conocía en bulto. Eso sí, todos estaban enterados qué le hacía al cuerpo que ahora estaba tendido y flanqueado por los cuatro cirios. Técnica, legal, social y moralmente ella era inexistente. Pero resultaba ser la mujer que el muerto más amó, respetó y a quien más lealtad le tuvo. Es decir, con ella fue la pura ley. Alguien, como siempre les sucede a las que se acomodan en la poltrona del barraganato, reveló la identidad de la amasia (¡legalmente sí tiene identidad!). El chisme se va esparciendo entre el humo de los cigarros, los efluvios biliares de las ex del muerto y las letanías del rosario que el hoy occiso pidió estrictamente no fuera rezado. De cuando en cuando le caían encima las miradas de reojo a la mujer y no faltó quien se pasara un buen rato del velatorio criticando la presencia de la cuasi suripanta en el funeral. Preguntas: ¿a quién hay que ir a darle el pésame?, ¿a las personas con estatus legal relacionadas con el fiambre?, ¿a los padres?, ¿a la amante?, ¿a las madres de sus hijos?, ¿no ir al funeral?, ¿no darle el pésame a nadie?

2) Una noche, de esas en que se ordeña a todo lo que da la yugular del vampiro tequilero, Lola conoce a un tipo que encaja perfecto en la categoría “bueno sólo para el camazo”. Ese espécimen que solamente se usa, se tira, se usa, se tira y así hasta que verdaderamente se tira cuando ya no sirve ni para ir por el vaso de agua a la cocina. Lola cena y desayuna tipo para el camazo esa jornada y algunas otras en las que no tiene nada qué hacer, o se lo encontró en el cine o le dio la calentura previa al síndrome premenstrual. Nada serio. Varias lunas después, tras semanas de camazos aleatorios en caída libre, Lola está tendida fumando en el tálamo del individuo. Éste se ha aventado un rápido viaje a la tienda de conveniencia por más condones (en estos casos, Dios no provee). Suena el teléfono. Ella, mal hecho, contesta. Es la exesposa del individuo. De quien se divorció hace dos meses apenas. “Eh...no está, ¿qué le digo? Que llamó Julia. Claro. Bye”. Dos minutos después entra el individuo a la habitación diciendo. ¿Qué te dijo Julia? La ex le llamó a su celular y le dijo entre lloriqueos: ¿quién es esa puta que contestó el teléfono? El tipo realmente no terminó con ella pese a que terminó legalmente con ella. Y Julita siente atribuciones emocionales pese a que ya firmó el papel que establece que ya no tiene atribuciones. Total. Julia llama de nuevo, contesta el ahora exproveedor de condones, y mientras Lola se viste y se prepara para dejar a la pareja en un trenzamiento de mentadas de madres, una petición la congela en el pasillo rumbo a la puerta: “Lola, Julia quiere hablar contigo...” Preguntas: ¿hay que contestarle el teléfono y decirle: mira yo nomás me estaba acostando con él, eh?, ¿no contestarle la llamada?, ¿atenderla y calmarla?, ¿carcajearse?

3) Una bien difícil. Estás con tu novio o amante. El caso es que el individuo tiene hijos, como luego sucede con ciertos tipos que no cesan de reproducirse. (Hay que popularizar como vasectomía la técnica del enmicado del pene). Vas por la calle tomada de la mano del prolífico tipo y se encuentran de frente a la exmujer con todo e hijo (a). El tipo se queda mudo, porque él no ha avisado de su nueva novia a la madre del infante. Tampoco le ha explicado al hijo que él tiene una mami, pero papi tiene a alguien a quien le hace cosas que antes le hacía a su mami. Caminas dos cuadras, y te encuentras a tu ex quien trae de la mano a su ahora pareja y a tu (ja!) propio hijo. Ese día le tocaba visita. Tu bebé adorado tampoco sabe que aunque tenga un presunto padre quien lo llevó al registro civil y le dio su apellido, su mami tiene un amigo a quien le hace cosas que antes le hacía a su papi. Preguntas: ¿saludas a la madre del hijo de tu amante pese a que te está ignorando claramente?, ¿saludas a la novia de tu ex pese a que te está ignorando claramente?, ¿o será mejor escoger bien la calle o el lugar a donde sales a pasear mientras tus hijos y los de tu pareja andan en la calle?

Los cuestionamientos siguen en el aire... (3/13/2003)

marzo 10, 2003

Una mentira

Mentir es muy difícil. Requiere de elaborados procesos de organización mental en donde se mueven piezas y se cambian otras para reordenar la verdad. No debe quedar ningún hueco ni fisura.

Si esto se ve terrible, así escrito, pues hacerlo implica estrategia, imaginación, y hasta conocimiento del terreno en que se pisa cuando se va a mentir. Tiene mucho de arte. Es necesaria la exactitud de una ciencia. Requiere de mucha maña.

Las mentiras que me han dicho son absolutamente ridículas y hasta me da pena mencionarlas. No son elaboradas ni siquiera parecen que pasaron por el filtro del cerebro. Odio eso. Saber que me están mintiendo y descubrirlo en el momento me parece ofensivo, insultante y mamila. Como una vez cuando el hombre al bate (el novio en turno) me llamó diciendo que estaba en un lugar y el número correspondía a otro sitio. Vi el número en el identificador de llamadas.

Ya nadie tiene la decencia de decir una buena mentira. La gente se vuelve ordinaria y recurre a lugares comunes para salvar una situación.

Durante la borrachera del 14 de febrero he recopilado una serie de frases gastadísimas y sobadas: las mentiras femeninas que son lugares comunes. Las apunté. Yo aporté unas cuantas, que no muchas, ya que los demás sí estaban muy ebrios y yo no. Estaba tomando medicinas, claro.

Las mentiras que me parecen de una ordinariez tremenda son las que inician con: nunca y siempre. “Nunca lo había sentido así”, “nunca había venido a un motel”, “nunca había visto algo igual”, “nunca nadie me lo había hecho así”, “nunca había hecho eso con otro”, “nunca te olvidaré” (“siempre te recordaré”). Una buenísima con nunca: “¿por ahí?, ¡nunca!...et cetera. “Siempre te esperaré”, “siempre pienso en ti”, “siempre te amaré”...Cursis.

Los pretextos son una delicia, pero me resultan chocantes ya que han corrido la tediosa línea del lugar común: “hoy no porque traigo la regla”, “me duele la cabeza”, “no gracias, no tengo hambre”.

Una aportación enorme del hombre a la mujer es la gran cantidad de mentiras, que gracias al progreso laboral y económico se pueden aplicar también al inventario femenino de falacias: “tuve una junta del trabajo” (cuidado: jamás decir esta frase si no se ha retocado el lipstick antes de entrar a casa), “me tomé un par de tragos con mis amigas” (procurar traer el brassiere puesto cuando se estén pronunciando estas palabras y de preferencia, no traer en la mano un vaso o un caballito tequilero), “me tuve que quedar a trabajar horas extras” (si a esa sentencia viene la cuestión “¿y por qué vienes recién bañada?” eres realmente tonta). Una humilde aportación de mi parte, una tejedora de mentiras muy modesta, la verdad:


“Voy a llevar a la niña a una piñata”.

“Iré este fin de semana a ver a mis papás”.

“No eres tú, ni soy yo. Estoy confundida”.

“Lo conozco desde la secundaria y es gay”.

“Tengo una junta de trabajo el domingo en la mañana” (en su tiempo, alguien la creyó).


Y quizás la más grande de todas las mentiras y que ahora me condena en cierta forma a la honestidad es: “¿sabes qué?, siempre se me ha dificultado decir mentiras. Se me nota de inmediato cuando no digo la verdad”. 10-Mar-03