Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

marzo 23, 2003

P: ¿Quién necesita un hombre? R: Todas...

Alguien me decía hace poco: ¿cómo esta chava de 24 años se puede fijar en mí, le llevo más de siete años y ya tengo hijos y soy divorciado, y además esta enamorada de mí? La respuesta inmediata, automática y no políticamente correcta, fue: “es que ya no hay suficientes hombres”. Él lo tomó bien. Considerando el ego masculino, no me dio un zarpazo en la cara ni intentó apedrearme la casa.
La llamada independencia femenina es una falacia en muchos casos. Aclaro, no en todos. Somos pocas las mujeres inteligentes que no necesitamos de un hombre a nuestro lado, aunque siempre lo tengamos: para nuestra desgracia o felicidad absoluta. Pero todas quieren un macho. A todas les urge. En silencio o de forma manifiesta, pero el hombre es necesario para aceitar la maquinaria.
Y no estoy hablando del hombre que se levanta en cualquier antro o en la party, el típico camazo a quien no puedes recordar en una semana. Me refiero que todas quieren al hombre con quien pasar su existencia. Cosa que no existe. Al que van a amar y serle fieles toda la vida. Cosa que no existe. Quien las haga mejores personas y sea a quien puedan admirar siempre. Tampoco existe.
Las opciones son como siguen: aceptar que no hay suficientes hombres y resignarse a los camazos etílicos o aceptar al primer portador de testículos y pene que se atraviese. Una opción saludable (la más sabia) en ocasiones, es la soledad. Que tampoco existe como un absoluto porque nunca falta un acomedido que te ayude a levantar la falda y a bajar las bragas.
Pero... por salud mental, es un gran avance no meterse con este tipo de hombres:
(Algunos) casados: son buenos amantes, pero siempre andan urgidos y pueden resultar empalagosos. Si se lleva una relación a largo plazo con ellos terminan arrobados de amor y haciendo (y diciendo) estupideces. Luego es una gran bronca pensar qué hacer con ellos cuando están en la esquina cercana a tu casa con su maleta (que la esposa le aventó). Poseen una ventaja: son hombres domesticados. Como una mascota. Cuando entran a una casa limpian sus pies en el tapete y llevan su taza al fregadero. Son lindos, pero aburridos y les urge una nueva ilusión. Y el futuro siempre es incierto a su lado.
Los perdedores con iniciativa: resultan encantadores los primeros cinco minutos y los siguientes cinco meses es como un estudio complejo de puericultura. Viven como adolescentes, intentan ligarse a adolescentes y creen que las bailarinas de los tables les hacen los privados porque ellas quieren ligárselos. Tienen la consigna en el amor de que “el que se clava pierde” y su mamá los quiere mucho. Su papá los odia. Es extremadamente difícil deshacerse de ellos. Las relaciones nunca terminan con ellos en paz: si no hacen un terrible drama cuando los abandonas, optan por la violencia o por escándalos en la vía pública.
Los borrachos: estos si tienen capacidad de compromiso absoluto, pero con quien les sirve el trago. Desarrollan altos niveles de patetismo y sus erecciones son cuestiones de fe. (Este ejemplo serviría, con ciertas restricciones, para los fumadores compulsivos de marihuana)
Los polígamos: entrar a la comunidad de un polígamo es como cuando una se forma para sacar la credencial de manejo: te atienden cuando es tu turno. Además tienen la certeza absoluta de que ellos deben de tener varias mujeres y que ellas al unirse al clan poseen la obligación de conformarse con la situación.
Si es verdad que no hay suficientes hombres entonces no veo la necesidad de poseer uno que forme parte de los despojos humanos.
La soledad lleva muchas veces a escuchar la templada voz del silencio. Mejor perder el miedo a estar sola asumiendo la falta de hombres que mantener a un individuo abyecto que ronca y contamina con su pie de atleta la regadera.
Tarea: paguen un privado en un stripper. No es el hombre para toda la vida pero serán los mejores 10 minutos por solamente 200 pesos (Estas tarifas son sujetas al área en donde vivan). (28-Mar-03)