Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

abril 25, 2003

¿El tamaño sí importa?

Les contaré una leyenda urbana que involucra zoofilia y ambiente tropical. Quienes acaben de tomar la comunión o un laxante, absténganse de leer.
En un país caribeño, en donde los hombres florecen hacia arriba como palmas y para abajo como borricos primaverales, un negro de dos metros (eso me recuerda que aquí en mi ciudad cerraron un antro que se llamaba el Extremo, en donde un negrazo llamado Jerry, cubano, papísimo, deleitaba a cualquier ser vivo con su baile por 200 pesos tres canciones. Desde aquí elevo una petición para que vuelvan a abrir dicho lugar) se encontraba viendo en la televisión películas pornográficas.
El apolíneo y colosal individuo se puso a tono. Se le elevó la presión y pues, le dieron ganas de emular los actos circenses de los protagonistas de la película. Mas no había con quien. Estaba solito. De pronto apareció Cositas, su perrita chihuahueña, y ella fue el fruto de sus (¡maldito pervert!) embates eróticos.
Pero este hombre, al cual la naturaleza dotó de cruel y asombrosa genitalia, mató a Cositas mientras ella le entregaba la flor de su secreto. El tipo no tuvo más remedio que acudir, con una toalla amarrada a la cintura, a un hospital para que Cositas fuera removida de donde quedó, digamos, en calidad de paleta.
Cuando la remoción de Cositas (q.e.p.d) fue completada, el médico le dijo: ¿cómo no la iba a matal con esa cosa que usted tiene?
Y he aquí la cuestión: el tamaño, sí importa. En este caso...
Pero, ¡abajo mitos! ¿Quién dijo que las dimensiones grandes eran las ideales? ¿Por qué lo desprecian si es chiquito? ¿Hay uno que sea mediano realmente? ¿Quién tiene la verdad sobre la talla perfecta?
Claro, como aquí no cuentan la simpatía, la inteligencia, la gracia, pues todo tiene que ser medido en centímetros (o pulgadas, si es que no usa el sistema métrico). ¿Por qué siempre lo tenemos que ver todo en cifras? ¡Ash!
¿Han oído hablar a las mujeres acerca del asunto? Solamente piensan en cuál de sus novios tiene más qué ofrecer. Pocas se ocupan si hay técnica, estrategia, flexibilidad, meneo-meneo...Tiene que ser forzosamente el más grande, cómo un tótem apache, el que gane la gesta heroica a la hora del fornicio.
Los hombres también viven aferrados a esa idea. Están genéticamente diseñados para andar midiéndose y comparando. Les encanta: no pueden evitar ojear al prójimo en los mingitorios para comprobar felizmente que ellos son más poderosos o para darse cuenta, ahogando un chillido, que les faltan como cinco centímetros para alcanzar al compañero de baño.
Y aquí viene la contradicción. El hombre más dotado, no es el más fértil. Puede ser que ni sepa cómo utilizar sus dones, ni atine a controlarlo y en peligro, llegar a perjudicar al prójimo en el acto del amor. Esas cosas suceden. (Ya ven lo que le pasó a Cositas).
El secreto está en los usos y costumbres, en la estrategia. Eso vence al tamaño.
Los animales en cambio, en vez de fijarse en esas minucias, se aparean bajo la consigna de que el macho con más habilidades, fuerza, estrategia para cazar y hasta su capacidad para la decoración de nidos, es el mandón.
El maravilloso zoólogo Gerald Durrel narra en algunas de sus crónicas sobre la vida animal, las cualidades que los machos ostentan cuando es tiempo de conservar la especie. Y en ninguna de ellas menciona que el tamaño de la genitalia de un macho sea determinante para quien aporte la sema para el apareamiento.
En una de esas historias, relata como un trío de hipopótamas se aposta a las orillas del Nilo a ver cómo se ponen una friega un par de hipopótamos. Los pesados gladiadores luchan por ser el ganador de la mano de las damas. Al final vence el más joven y fuerte y al viejo y débil se lo devora una tribu de aborígenes, que como las hipopótamas, estaban esperando que ya terminara la bronca para por fin cenar. Durrel nunca mencionó que alguna de las hipopótamas se asomara por la entrepierna de los machos, parara la pelea y le dijera “vente papito tú eres el bueno”.
Derribado el mito, exhorto a hombres y mujeres a no reparar en los detalles, que frustran a priori una relación amorosa en el terreno sexual y a concentrarse en la técnica y la estrategia, que es lo que funciona. Y ya que andamos de exhortos, también hago un llamado a las autoridades municipales a abrir de nuevo el Extremo, y a migración, para que no le cancele la visa a Jerry. Así sea. (25-Abr-03)