Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

abril 28, 2003

¡Póngame las esposas, Señor Justicia!

La semana santa ha terminado. Y se alejan los tristes recuerdos de esa detestable sucesión de días aburridos que parecen domingos. Solamente nos queda la resaca de la hueva, toneladas de capirotada, la imagen de las carreteras llenas de coches y lo mejor: la postal que muestra los ceñidos traseros de los ángeles que cuidaron nuestra llegada con bien a casa: los policías federales de caminos.
Conducía a alta velocidad por la carretera de regreso de mis vacaciones en la villa de Santiago Apóstol de Saltillo cuando fui detenida por un oficial. No diré su número de patrulla ni nada de eso, aunque podría enumerar una gran numerología concerniente al tipo. ¿Qué les dan de comer por Dios? ¿Los nutren con castañas, nueces y moras para que estén más bonitos?
Salvo los típicos gordos y descuidados que todavía deshonran el uniforme, la mayor parte de los oficiales son guapos, amables, caballerosos, van bien armados, parecen listos y son sumamente orientadores.
“Licencia, señorita”. Le enseñé la credencial de manejo vencida. “Tarjeta de circulación”. Ahí ta... “¿Por qué iba tan rápido?” Ash, qué delicado. Luego ya me dio una advertencia de irme con cuidado. En fin, pudo haber sido muy lindo...
A diferencia de los policías ministeriales o judiciales, con camisa imitación Versace y pantalones apretados al extremo de que ellos solos se hacen el examen prostático, el uniforme señoras, el uniforme es lo que cuenta en el caso de los amables oficiales de la carretera.
Joseph Goebbles, el genio de la propaganda nazi, pese a que fuera un nefasto lamebotas de Adolfo Hitler, tenía algunas buenas ideas respecto a la forma de manejar el entorno publicitario. Esto para elevar la moral de los civiles, y de los militares también.
Era un convencido de que los aliados estaban atacando a los alemanes directo a su ánimo, a la moral germana. Además de la partida de madre que les estaban dando en el frente en 1943. Entonces reforzó su estrategia en los desfiles en donde los mancebos alemanes, bellos y apetecibles, se mostraban con un uniforme divino que ponían a temblar las bragas de cuanta dama se apostaba a las orillas de la calle para verlos pasar.
El secreto era mostrar a los soldados y oficiales como seres mitológicos invencibles ostentando el poder y la fuerza (es decir, mostrar falos). El uniforme ayudaba mucho (falo con charreteras y botonadura dorada). Los súper hombres de la guerra alemana contra el mundo marchaban hermosos en atavíos divinos, devolviendo a los germanos una esperanza de ser la potencia que su dictador les había prometido (impotencia hitleriana...)
No creo que nuestras autoridades piensen si se ven apuestos o no los policías federales de caminos en sus uniformes, pero al menos no echan a nuestras espantosas carreteras a cualquier desecho de hombre para que nos ofenda con su presencia.
Lo peor que puede pasar es que no te detengan y no los pueda uno escanear de cerca.Ya es ganancia regresar con vida de esas rúas del terror y otear cuando menos a lo lejos a esos traseros uniformados.
En nuestro mexicano entorno, la idea de las autoridades no es uniformar por cuestión estética ni mucho menos pensando en elevarnos la moral y el ánimo. Al contrario: cualquier uniformado en la ciudad, como agente de tránsito o policía municipal, manda a la lona el entusiasmo al verlos tan mal fajados y al escuchar sus insensatos “oríllese a la orilla”. ¿Por qué nos hacen eso?
Quienes reclutan a los policías y los entrenan y los avientan a la calle, deben pensar que la belleza es también una creación y algo que se debe trabajar. Que los policías están panzones: a ponerlos a dieta. Que son unos ignorantes que dan vergüenza y que no saben ni pronunciar dos palabras juntas: hay que darles luces a sus cabezas oscuras. Que son patanes, prepotentes y corruptos: hay que enviarlos a una escuela de entrenamiento canino.
Hay que darnos por agradecidas que mínimo los centinelas de las carreteras tienen aspecto de ser humano y muy agradable. Ojalá así sigan, para deleite de las solitarias conductoras de carretera.
Post data: Gracias a los que han escrito al email de esta columna. Tanto a quienes dicen cosas buenas de lo que se escribe y cosas malas de mí.
Respuestas rápidas para quienes hicieron cuestionamientos. Para Ray8201 de Zapopan: lubricante de agua. Para Bruxis, no dijo de dónde: tu no tienes la culpa. El es quien tiene la bronca. Para Lindsy84: es mejor que no lo hagas así la primera vez, porque duele más. (28-Abr-03)