Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

septiembre 17, 2003

Quien se lleva, se aguanta

El deporte nacional en antros, rodeos, salones de baile, cantinas y baños de vapor es el ligue. Esta práctica, según el antropólogo Marcel Betancourt Cil, es el vehículo que nos conduce al camazo ocasional que de acuerdo su definición es “una especie de masturbación, pero con la colaboración de alguien poco atractivo o no tan atrayente, que no detone en una relación profunda o bien, para evitar la idealización de la pareja sexual y eventual a la que se recurre”. La planeación y estrategia del acostón es mínima y tampoco requiere de haber leído El arte de la guerra.Ellas rondan, cazan y atrapan. Llevan sus propios condones a veces (para no caer en la tienda de conveniencia a las tantas de la madrugada y llevarse preservativos chafos y carísimos o, peor, hacer fila en una farmacia de ésas que abren toda la noche y enunciar frente a los parroquianos: “me da unos condones marca Gol, extrasensibles con puntita coloreada”; en todos lados existen esas farmacias concurridas: hay una en Chihuahua, cuando menos, en el mero centro). Ellas también se visten para matar: aparte del vestido mini o escotado, o los pantos delineadores de traseros bonitos, si hacemos la radiografía a través de la ropa visible está la tanga nueva, el brasier levantador, ambas prendas a juego. Así es el ritual y el vestuario. Las mujeres salen, beben, se divierten, ligan, levantan, fajan, disfrutan, fornican, fuman, se despiden y olvidan (el orden de estos factores sí alteraría de forma grave el producto). Todo ello puede ser la sustitución directa al rol interminable en el carro los domingos o a la fiesta de paga de los sábados. Los hombres han vivido inmersos en esa tradición toda la vida, así que es bastante noble de su parte (qué lindos, ¡muá!) que respeten esa costumbre que las mujeres asumen por su cuenta y riesgo, ya que tienen con qué: lana, cuerpo, inteligencia, estrategia e información y responsabilidad para cuidarse (esto último es básico). Quizás estamos hasta cierto punto en una etapa digamos, experimental, de esa atractiva y excitante fase de ser la cazadora y escoger las propias presas a gusto personal. Pero como las reglas han sido escritas en español masculino, es tiempo de crear reglas para ellas o bailar al son de la pauta masculina. Hay demasiados ámbitos en los que desgraciadamente ellas tienen que ceñirse a las reglas de los varones. Ellas pueden escoger, disfrutar y olvidar. Pero jugando con la certeza de que aquí no se vale con que “me gustó y me clavé”. En el camazo ocasional, los hombres han funcionado porque llegan, se bajan la bragueta, se van y ¡bye!, te veo en la próxima reencarnación. La regla del acostón es muy clara: uno y ya. Cuando te vuelva a ver te saludo y puede que otra vez suceda, si andamos de ganas. La que ve estrellitas y hello kitties voladoras después de tener sexo con un recién conocido está en problemas y debe acudir a que le den una barrida con pirul antes de que termine rondando la casa del individuo para encontrárselo “casualmente”. Como más de tres salidas con su respectivo postre ya implica obligación, nadie se va a aventurar a hacerse novio del camazo del sábado antepasado. Los dos sabían a lo que iban y se asume desde un principio. Así como una chava se encuentra plantada en su derecho de decir: “sí, salimos una vez y bien rico, pero nada más pasó esa noche”, ellos pueden hacer lo mismo sin remordimientos. Siempre ha sucedido y es el riesgo que se corre cuando se lucha en la batalla de las noches de calentura. Hay miles de antros que tienen legendaria fama porque nada más se va a levantar e incluso deberían tener un letrero que diga: “Levantar en este respetable establecimiento es elección de los consumidores; la gerencia no se hace responsable por daños morales, espirituales, emocionales o enamoramientos causados por el impacto de los acostones ocasionales”. Las reglas ahí están. La tradición masculina las dictó y pues así funcionan. Quien se lleva se aguanta y el o la que acude a un antro una noche y pide para llevar debe asumir su responsabilidad. Es igual que comprar productos piratas: ahí no hay garantías. Ésta quizás sea una nueva y agenérica ley de la selva en donde los depredadores no necesariamente lucharán animados por la testosterona y van solamente a matar. La turba de mujeres con sus lanzas afiladas viene de avanzada. PD: Las ideas románticas… favor de dejarlas en casa. de Sun Tzu para manzanearse a cualquier tipo medio lindo, o a una chava que trae ganas y lo manifiesta abiertamente. En este rol del ligue y conquista, las mujeres han estado sumamente activas y nadie se sorprende cuando alguien cuenta que fue levantado en un bar por una fémina que lo vio, lo centró y se lo cargó para su casa o a un motel.