Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

octubre 28, 2003

Dios, si existes...

Juntando mis manecitas, al pie de la cama, con un camisón micrométrico y sin ropa interior digo:Dios, si existes, por favor ayúdame a ser menos intolerante ante los imbéciles.Ayúdame a comprender a esas mujeres que me invitan a sus bodas, pese a que saben que todo el tiempo estaré hablando mal de sus madres vestidas de piñatas de chaquira y lentejuelas y que conocen de antemano que sus maridos se han acostado con la mitad de las invitadas. Ayuda a estas nuevas esposas a soportar el hecho de que el hombre la tiene chiquita y que para colmo tiene graves problemas de disfunción eréctil. Dales valor para que asuman que el resto de sus vidas no sentirán nada en la cama si se empeñan en tener relaciones sexuales con el mismo papanatas que les regaló esa boda al estilo matrimonio de narco meets el palacio de la Cenicienta.Por favor dame fuerzas para tolerar a esa horda de imbéciles que se asustan hasta el soponcio y critican en público el hecho de que Britney Spears se dio un beso con Madonna, los mismos hombres que a la menor provocación se encierran en el baño a masturbarse con fotos de menores de edad.Dame la capacidad de cerrar mis ojos a la fealdad de la gente que no nació fea, sino que se empeña en ser fea, feíta de modos, así quien sáe cómo. Otórgame la virtud de poder cerrar mis oídos a la hora pico en el baño de las mujeres para no escuchar todas sus estupideces sobre el nuevo trabajo de sus estúpidos maridos; las gracias de sus bebés babeantes y la burda imitación que ellas mismas hacen de las primeras palabras que emiten sus hijos; el recuento puntual de sus embarazos con todo y descripción de vejiga desnivelada; de las ofertas de los súpermercados; de las tiendas departamentales; de lo bonito de los utensilios de cocina y vajillas de Liverpool en descuento; de su tarea insuperable como madres de la cual se jactan y asumen como una carrera con maestría y doctorado; e impídeme Señor, Señora o Divinidad Travestida, imaginar lo que dicen sus silencios en las conversaciones, el patetismo en el que viven realmente por tener esposos imbéciles, maltratadores y huevones.Ten piedad de mí y no me expongas a: las pláticas de mis excompañeros de escuela quienes dicen que están felizmente amarrados a una mujer gorda que solamente sirve para parir sus chamacos, aunque las criaturas les queden espantosas; no me atravieses la ocasión de toparme con mis exnovios y sus mujeres, porque no quiero darles la oportunidad de comprobar que son patéticos y que nunca encontrarán mejor mujer y cama que conmigo; dame la dulzura necesaria para tolerar con una sonrisa retorcida las preguntas acerca de qué me pareció el inicio de Big Brother VIP y los aberrantes programas de TV Azteca, cuya producción es vomitiva.Dios, si existes, te pido que seas un poco espartano y borres de la tierra a: quienes no comen aguacate, a todos los que se atreven a meterla sin condón, a mis primas y a esas criaturas deformes que caminan a su lado y que ellas llaman hijos, a las mujeres que se embarazan para amarrar individuos de por vida, a los agentes de tránsito y a los conductores de Monterrey, a la gente sin dignidad, a los carentes de aplomo y de huevos, a quienes viven en un constante término medio y a quienes desobedecen las señales de los letreros, las leyes, las normas, manuales de usuario e instrucciones. Elimina de la tierra a los chivatos, pedófilos, y a los fiscales misóginos del Ministerio Público.Si existes, tú el que vive allá arriba en el Cielo o el de abajo en el divertido Infierno, ya qué importa, dame paciencia para decirle que sí a todo a mi madre o valor para apuntarle con un lanzallamas.Si existes, te pido que guardes de todo daño a mi cafetera Krups y todos sus accesorios, a mi carro, a mi computadora, a mi tele, mi camita y a mis cactus. Encomiéndome a mis santos:- San Ex con el que viví cinco años: no me quemes en las editoriales.- Santa María Egipciaca: dime dónde encontraste el barco lleno de marineros urgidos.- Santa Rita: siempre vírgen y allá ella.- San Gabriel: ¿cómo te fue de regreso a Barcelona?- San Ascario, Santa Zita, San Zoilo y demás mártires aburridos, no vuelvo a leer sus biografías.Y finalmente y como diría San Agustín, dame castidad y continencia... pero no aún.

Amén.

Zorra

Nota del editor: La autora se refiere a Isabel Madow, escultural modelo televisiva mexicana, devenida en ocupante de la casa de Big Brother VIP 2, popular reality show nacional de la empresa Televisa.

¿Conocen la obra Naná, de Emile Zolá? (No, no la escribió Irma Serrano) Naná fue un personaje que Zolá arrebató de la realidad de la Francia del Segundo Imperio. Blanche D´Antigny fue la esplendorosa mujer que inspiró al novelista a crear a la fría y calculadora Naná: una señora que hacía tapetes para sus perros con los sentimientos deshilados de los hombres a quienes iba aventando al fango. En Francia existió esta dama, pero a diferencia de la protagonista de la novela, Blanche era un poco más ingenua y tontozuela: a Zola le correspondió poner sal y pimienta a su personaje. Porque Blanche lo tuvo todo: belleza, poder, dinero y fama. Se vistió de princesa cuando fue necesario y también se desvistió muchas veces para conservar lo que tanto trabajo le había costado acumular. Cometió sin embargo una enorme estupidez. Se enamoró de un cantante de ópera y perdió la cabeza, y todo lo que poseía... hasta al cantantucho, que no bien le dio dos años de felicidad y fornicio enamorado, cuando a la criatura le pega una tuberculosis y muere. Blanche, ocupada en los poco lucrativos menesteres del amor, se olvidó de sus benefactores y se fue quedando pobre. Lo peor no fue que el tenor se le murió, sino que se quedó sin vestidos, sin dinero ni manera de invertir en su propio negocio, que era ella misma. Una benévola cortesana la recogió enferma y sin un centavo, y la llevó a su casa a bien morir... Fin de la historia. Si existe una cosa que no merece el perdón en este mundo es la estupidez. Estupidez por amor, por falta de voluntad, de dignidad o de autoestima. Y no tenemos que andar recogiendo ejemplos de la Francia del Segundo Imperio si tenemos a nuestra madre la tele, que nos puede ilustrar con creces un caso como el de Blanche D´Antigny. Como el caso Isabel Madow, quien ya ha reconocido que ha sido bastante tonta al enredarse con el presunto modelo José Luis de la casa de Big Brother VIP, y sobre todo por comportarse como una mujer sin estrategia. ¿Por qué se le fue encima al primer tonto que se le atraviesa en un reality show?, ¿por qué se comporta como si él fuera el último individuo con pene en el mundo?, ¿cómo se atreve a repetir sus mismos esquemas de perdedora ante los hombres?, ¿por qué no saca provecho de sus muchos y abundantes atributos? Creo que el pecado de la Madow no es su exhibicionismo, ni su ligereza, ni la constante oferta de su cuerpo. Realmente de esas actitudes echamos mano todas las mujeres, todo el tiempo, pero administrando sabiamente los momentos en los que debemos hacer uso de la batería pesada para conseguir algo: un hombre, un trabajo, dinero, favores, simpatías, boletos para el clásico, entre muchas otras cosas. Quien no lo reconozca, es que está fea o tonta como para no utilizar en menor o mayor medida sus atributos para conseguir algo. Sorprende que Isabel Madow sea un envase bello y bien cuidado, pero lleno de aire. No tiene estrategia ni para abrocharse el brasier. Desde que sacó el cobre en el reality show ha ocasionado un desencanto masivo de mujeres. Las decentes no la quieren porque es una encueratriz y se le ofrece a los chavos de Big Brother, que dicho sea de paso, muchos de ellos parecen recién salidos de una lobotomía (el boxeador, el modelo, Palazuelos... pobres criaturas). Las madres de familia dicen: “¡ash, ojalá nunca me vaya a salir una hija como ésta!”. Las feministas obviamente tratan a la Madow como un pedazo de carne que no tiene cerebro, y que lo único consistente en esta mujer es el material del cual están hechas sus bubis. Las intelectuales saben que Isabel es el epítome de la mujer-objeto, desde los tiempos en que era una modelo muda. Consideran que su etapa gloriosa fue cuando no decía una sola palabra. Isabel Madow ha cometido la terrible omisión: no ha planteado una estrategia inteligente que demuestre que el binomio tetas-cerebro puede llegar a ser mortífero cuando se maneja de una forma asertiva, astuta y arrojada. Ciertamente no se merece el calificativo de zorra ni loba, porque al menos éstos animales tienen instinto de supervivencia...

octubre 21, 2003

Que se maten solos (I)

Desde que amanecía, la guerra silenciosa era evidente: no se hablaban ni les interesaba comunicarse. Vivían el estadío de la relación en donde la otra persona se vuelve un mueble molesto que en cualquier rato va a la calle para ser vendido o regalado. Daba igual.Llevaban así seis meses. Durmiendo separados, sin tener contacto de ningún tipo y cada quien acostándose con quien se le atravesaba. Él, de una cama a otra, perseguía a cualquier mujer que tuviera poco tiempo de haber dejado la adolescencia. Ella seguía acostándose con el mismo tipo a quien nunca dejó de ver aunque fuera ocasionalmente: los hombres son infieles más veces, pero las mujeres mejor, como dice Joaquín Sabina.En las madrugadas él visitaba la cama de ella para besarle las piernas, quizás cuando la cacería en los table dance había sido pobre. Ella siempre fingía estar dormida.La indiferencia se volvía significante entre ellos, quienes no sabían en qué rincón de la casa había quedado el amor, o el simulacro del mismo, que los había llevado a juntarse. El motivo para reunirse bajo un mismo techo nunca había quedado muy bien definido, porque ciertamente el sexo no se discute ni se cuestiona cuando la calentura rebasa: los cuerpos se funden y después se averigua el nombre. Luego vinieron las conversaciones, los poemas y las coincidencias. El tiempo de las citas comenzó a ser insuficiente ante lo que parecía galopante.Se casaron. Ella asistió a una boda en donde no conoció a la mitad de los invitados. La unión se hizo oficial cuando los cepillos de dientes de ambos estuvieron en el mismo vaso en el lavabo del baño. Así había empezado la historia que ya no sería más.El hilo que parecía invisible y que eslabonaba la indiferencia se rompió por lo más delgado. Él, por error, la dejó encerrada en casa creyendo que no estaba. Se llevó las llaves. Ella gritó a los vecinos en vano, y cuando por fin pudo localizar por teléfono al marido, éste tardó un lapso que se le antojó una eternidad para quitarle la llave al cerrojo.Al día siguiente ella anunció que se iba. El decidió que ella se quedaba. Que ambos permanecerían. Dios estuvo presente en la boda y del padre Aureliano emanó la voluntad divina: esa unión era para siempre... La energía contenida explotó en todas direcciones y de la tensa agresión silenciosa se pasó a combatir al otro cuerpo a cuerpo: se volvió regla la violencia.Hasta ahora, no se han divorciado.Y el problema no siempre es el divorcio… Es el matrimonio. Casarse equivale a comprar un boleto para una función de permanencia involuntaria en una película que no todos están convencidos de querer ver.Las religiones son las responsables de la propagación de algunas de las peores epidemias morales (e inmorales) y ahora la Iglesia católica chilena está promoviendo una iniciativa de ley para que los pobres creyentes de aquel país se casen con la opción de matrimonio indisoluble. Es decir, sin opciones. Como Chile es un país que no acepta el divorcio, el cardenal arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz, sugirió que las parejas próximas a casarse tengan la alternativa de sujetarse al yugo eterno del matrimonio. Si son católicos. Y con opción de divorcio si se profesa otra fe. El clero chileno apuesta por el matrimonio indisoluble, pero esa rebuznancia eclesiástica nos remite directamente al catecismo memorizado en interminables sesiones desde la más tierna infancia. ¿Qué no se supone que el matrimonio, como sacramento, quedó establecido por la Iglesia como un vínculo para toda la vida que lo une Dios y no puede romperlo el hombre?Dios y sus representantes median entre él y ella. No se han divorciado. No se necesitan leyes para que mucha gente asuma para siempre una vida en pareja que no quiere vivir, pero que ya escogió ante un público que aprobó con ovaciones la unión. Allá ellos.

octubre 15, 2003

El libro del pene

¿Sabías que Small Etc. es un club que agrupa a hombres con penes pequeños, quienes se reúnen a conversar sobre su microgenitalia? ¿Te enseñaron en tu clase de historia que en la Grecia de la antigüedad los miembros chiquitos y finos eran lo máximo y los grandes eran considerados de suma ordinariez? ¿Habías escuchado el rumor de que los gays son los mejores ejecutantes del sexo oral (dato no comprobado científicamente)? ¿Sabes de alguien que se haya desmayado al ver un pene grande, como sucede con las ancianas turistas que ven la imagen del dios Príapo, a quien representan en las pinturas de Pompeya con un armamento muy poderoso? Todas estas maravillas como de documental de National Geographic están reseñadas en El libro del pene, de Maggie Paley, bajo el sello de Planeta. Su aventura al escribir este libro me resultó demasiado divertida e interesante: no solamente comprobó con datos que en mayor o menor medida el centro del universo masculino está basado en el pene, como ya sabemos, sino que nuestra sociedad se ha erigido cómo una falocracia: el miembro rige, manda hace las leyes, dicta las normas, costumbres, valores, tradiciones y hasta construye sus monumentos, edificios y naves espaciales en forma de falo. Hemos vivido a través del tiempo bajo la glorificación del miembro masculino. Lamentablemente, a la mayoría de los hombres les importa demasiado el poder que emana de su pene. Si no funciona bien, a ellos se les cae (además...) su universo. Habitamos un mundo falocrático que a duras penas se sostiene, con Viagra y todo, que hace su lucha para subsistir como tal. Maggie se metió a fondo en el tema. Derrumbó mitos y puso en el escaparate a los penes de los famosos (Ya saben, quién la tenía grande, pequeña, curvada, con circuncisión, etcétera). Pese a este exhaustivo trabajo de investigación, ella nunca perdió esa latente incomodidad que le da a todo mundo cuando habla de la genitalia masculina. Incluso menciona que tras el moche que le hizo Lorena Bobbit a su marido, la palabra pene no estaba en la palestra norteamericana, por ejemplo. Bastó un cuchillazo para que el signo, significado y significante de pene saltara a la luz pública (tal y como sucedió con el miembro de John Wayne Bobbit, pero a través de la ventanilla del coche en pleno movimiento de su esposa). Lo cierto es que mientras este mundo se puebla de eufemismos para nombrar al pene y se hace como que éste no existe (¿hace cuánto no ven uno publicado en una revista o en un anuncio?, de publicidad no pornográfica, claro), en las civilizaciones antiguas el culto al falo era tan común como ahora las posadas o cualquier celebración ritual masiva de hoy. Los griegos tenían sus hermas, que eran unas estatuas dedicadas al dios Hermes que delimitaban territorios y hacían las veces de señalamientos. Estaban dedicadas al dios Hermes, que significa pene en griego. Los egipcios construyeron obeliscos y tenían cultos sagrados al falo. El cristianismo erradicó al culto a los dioses fálicos de algunas culturas, pero pronto se popularizó la existencia de santos como Foutin, Gil, Arnaldo y Guignole, que, se creía, poseían poderes curativos contra la esterilidad. Las mujeres les raspaban sus penecitos erectos hechos de madera y se tomaban el polvo diluido en agua para volverse fértiles o se los daban a sus parejas buscando la potencia sexual. Las figuras de estos santos, con el tiempo, se volvieron los desfloradores de las esposas vírgenes. Y de ahí viene uno de los orígenes de los consoladores, dildos y vibradores de nuestra época. Aquellos santos, en cierta forma, provocaron el gusto por el uso de juguetes sexuales.El pene en la moda, en las películas, en la literatura, en la religión, en el imaginario público y privado hacen su aparición en el libro; los sinónimos que nombran al miembro son enunciados; incluye historias fabulosas de los penes de personajes célebres de la música, de las letras y de la historia (la de Rasputín medía 33 centímetros... el angelito; si le restamos esos 10 que pertenecen a la leyenda, como quiera sigue estando bien armado). La parte sensible del libro es la que habla de castración y circuncisión (¡ouch!, cositas). La tradición circundatoria más eeeekkk, es la de los nandis en Africa, que lo hacen pasando por el prepucio un hierro candente mientras jalan la piel. Se les aplica grasa de ubre a la herida. Si el infortunado grita, lo atraviesan con una lanza. Luego lo mandan a una cabaña con otros del mismo equipo durante seis meses a que se les pase el susto y su pene sane. Ni les cuento, compadres, de una ceremonia de los aborígenes australianos que es tan sangrienta que le llaman “la menstruación de los hombres”, ni del desollamiento de penes en Camerún. La lectura de este libro es amena y hace gala de cierta picardía. Yo le agregaría el "Capítulo México: el pene como protagonista del albur, como herramienta de sometimiento de mujeres y compadres, así como sistema de medición y cualificación para todo, en especial cuando se encuentra en erección". Las conclusiones de Maggie Paley son claras: el pene otorga poder y mueve a este mundo que todavía funciona como un patriarcado de miembros alicaídos. Largo o pequeño, bonito o feo, curvado o recto, con circuncisión o sin ella, de oriental o de negro, el pene será siempre como un haz de luz que hipnotiza a hombres y mujeres con su magnetismo y misterio.

octubre 09, 2003

Calladito te ves más bonito

¿Las parejas deben decírselo todo a la otra persona? Ser absolutamente honestos, ¿es lo óptimo para que la relación funcione? ¡Ash! Sólo quiero verles la cara cuando su pareja, hombre, mujer o quimera, les pregunte: “mi amor, ¿cómo me veo?”, justo después de que le cortó el pelo un estilista que mejor debió dedicarse a la jardinería. Todos los extremos son nocivos para la salud, así como el exceso de “netas” en la vida en común. Más que la honestidad, la prudencia en el manejo de la información dentro de la relación es lo que debe prevalecer. Contestar no a un cuestionamiento de “me veo gorda”, significa la adquisición de un momento de felicidad y paz incomparable. Contestar sí a “¿la tengo suficientemente grande?”, equivale a ahorrarse la visión de una pareja masculina atrofiada emocionalmente. Salvo personas con audaces e ingeniosas respuestas diplomáticas que no solamente dicen la verdad, sino que la ofrecen plena de floriloquios de manera que la otra persona no se ofenda o se “sienta”, el resto de los mortales siempre tiene la respuesta equivocada a preguntas capciosas (y tontas) por parte de su pareja. Una opción inteligente y siempre sabia es el silencio. Como dice el proverbio árabe. “Si no tienes nada mejor que decir…”. Hombres y mujeres tenemos ámbitos reservados para nosotros mismos y debemos fomentar el respeto hacia ellos, así como es necesario mantener una sana distancia del espacio íntimo de los demás. Pero cuando se vive en pareja, es inevitable la tentación propia o del otro de querer buscar una verdad innecesaria y escondida en las entretelas de su amada(o). Aún peor es que por motu proprio una o uno salga ante la pareja con imprudencias como:
- Mira, ella se parece a mi ex…- Ernesto sabía hacer el amor demasiado rico arriba de las mesas (dirigiéndose a Carlos, su actual novio)… - Las mujeres de (anote su ciudad preferida) están bien buenas todas; cuando fui para allá…- Fui al nuevo antro de strippers y por 200 pesos el tipo me… Las comparaciones siempre son odiosas y, además, nunca son vistas como actos realizados de buena fe. Y quien busca ser comparada(o), que vaya reservando un lugar en su diván para terapia. Somos seres únicos por cuyas muchas o pocas cualidades ocupamos el lugar en la vida sentimental de alguien. Por ello también es una estupidez salir con preguntas como:
- ¿Te gusta esa vieja, verdad? (Así pueda ser una artrópoda con minifalda, muchas mujeres ven amenazas en cualquier cosa con brassiere circulando en la calle).- ¿Me quieres más de lo que una vez quisiste a…? (Aunque sepas que tu actual pareja vivió con alguien que estaba a dos minutos de ser encerrada en un pabellón psiquiátrico).- ¿Vamos a estar juntos y amarnos para siempre? (Amas tanto a tu pareja que le ves dotes de clarividente o crees que es el nuevo mesías de alguna secta posraeliana) .- ¿Crees que sería mejor si tuviera el cuerpo de… y la cara de…? (Es en el momento en que debes considerar cambiar tu actual profesión y volverte cirujano plástico).- ¿Te gustó? (Si el tipo o chava tiene la misma expresión del cuadro El grito, de Munch, entonces algo indica que no lo hiciste a su gusto).Los intentos o arranques de honestidad absoluta y total por lo general son el producto de un amor claro y transparente, lo cual es loable. Sin embargo, si no hay necesidad es mejor abstenerse de preguntar o enunciar sobre ciertas cosas o acontecimientos íntimos, nombres o moteles, en la propia cara de la pareja. Aunque no lo parezca, existen demasiados temas que mujeres y hombres no desearían escuchar en boca de sus parejas. Muchos prefieren no pensar en la fila de hombres con los que la novia se fue a la cama, o muchas desearían no saber que su amorcito participó en varios tríos. Aunque tu pareja en dicho y hecho sea una persona tolerante y comprensiva, solamente advierte su gesto, mal disimulado, cuando le mencionas el nombre de una persona de quien siente un poco de celos porque le hablaste de ella o él alguna vez. Observa cómo mete cambio cuando le dices que te encontraste a tu amor de la preparatoria, o que intentó ligarte un mesero… Esta prudencia, discreción, quizá omisión en algunas ocasiones, otorgada en forma de receta, no es una conspiración en donde se reúne mentira con hipocresía en contra de la pareja. No decirle todo siempre y a la menor provocación constituye un buen remedio para vivir en paz. Es por su bien…