Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

octubre 09, 2003

Calladito te ves más bonito

¿Las parejas deben decírselo todo a la otra persona? Ser absolutamente honestos, ¿es lo óptimo para que la relación funcione? ¡Ash! Sólo quiero verles la cara cuando su pareja, hombre, mujer o quimera, les pregunte: “mi amor, ¿cómo me veo?”, justo después de que le cortó el pelo un estilista que mejor debió dedicarse a la jardinería. Todos los extremos son nocivos para la salud, así como el exceso de “netas” en la vida en común. Más que la honestidad, la prudencia en el manejo de la información dentro de la relación es lo que debe prevalecer. Contestar no a un cuestionamiento de “me veo gorda”, significa la adquisición de un momento de felicidad y paz incomparable. Contestar sí a “¿la tengo suficientemente grande?”, equivale a ahorrarse la visión de una pareja masculina atrofiada emocionalmente. Salvo personas con audaces e ingeniosas respuestas diplomáticas que no solamente dicen la verdad, sino que la ofrecen plena de floriloquios de manera que la otra persona no se ofenda o se “sienta”, el resto de los mortales siempre tiene la respuesta equivocada a preguntas capciosas (y tontas) por parte de su pareja. Una opción inteligente y siempre sabia es el silencio. Como dice el proverbio árabe. “Si no tienes nada mejor que decir…”. Hombres y mujeres tenemos ámbitos reservados para nosotros mismos y debemos fomentar el respeto hacia ellos, así como es necesario mantener una sana distancia del espacio íntimo de los demás. Pero cuando se vive en pareja, es inevitable la tentación propia o del otro de querer buscar una verdad innecesaria y escondida en las entretelas de su amada(o). Aún peor es que por motu proprio una o uno salga ante la pareja con imprudencias como:
- Mira, ella se parece a mi ex…- Ernesto sabía hacer el amor demasiado rico arriba de las mesas (dirigiéndose a Carlos, su actual novio)… - Las mujeres de (anote su ciudad preferida) están bien buenas todas; cuando fui para allá…- Fui al nuevo antro de strippers y por 200 pesos el tipo me… Las comparaciones siempre son odiosas y, además, nunca son vistas como actos realizados de buena fe. Y quien busca ser comparada(o), que vaya reservando un lugar en su diván para terapia. Somos seres únicos por cuyas muchas o pocas cualidades ocupamos el lugar en la vida sentimental de alguien. Por ello también es una estupidez salir con preguntas como:
- ¿Te gusta esa vieja, verdad? (Así pueda ser una artrópoda con minifalda, muchas mujeres ven amenazas en cualquier cosa con brassiere circulando en la calle).- ¿Me quieres más de lo que una vez quisiste a…? (Aunque sepas que tu actual pareja vivió con alguien que estaba a dos minutos de ser encerrada en un pabellón psiquiátrico).- ¿Vamos a estar juntos y amarnos para siempre? (Amas tanto a tu pareja que le ves dotes de clarividente o crees que es el nuevo mesías de alguna secta posraeliana) .- ¿Crees que sería mejor si tuviera el cuerpo de… y la cara de…? (Es en el momento en que debes considerar cambiar tu actual profesión y volverte cirujano plástico).- ¿Te gustó? (Si el tipo o chava tiene la misma expresión del cuadro El grito, de Munch, entonces algo indica que no lo hiciste a su gusto).Los intentos o arranques de honestidad absoluta y total por lo general son el producto de un amor claro y transparente, lo cual es loable. Sin embargo, si no hay necesidad es mejor abstenerse de preguntar o enunciar sobre ciertas cosas o acontecimientos íntimos, nombres o moteles, en la propia cara de la pareja. Aunque no lo parezca, existen demasiados temas que mujeres y hombres no desearían escuchar en boca de sus parejas. Muchos prefieren no pensar en la fila de hombres con los que la novia se fue a la cama, o muchas desearían no saber que su amorcito participó en varios tríos. Aunque tu pareja en dicho y hecho sea una persona tolerante y comprensiva, solamente advierte su gesto, mal disimulado, cuando le mencionas el nombre de una persona de quien siente un poco de celos porque le hablaste de ella o él alguna vez. Observa cómo mete cambio cuando le dices que te encontraste a tu amor de la preparatoria, o que intentó ligarte un mesero… Esta prudencia, discreción, quizá omisión en algunas ocasiones, otorgada en forma de receta, no es una conspiración en donde se reúne mentira con hipocresía en contra de la pareja. No decirle todo siempre y a la menor provocación constituye un buen remedio para vivir en paz. Es por su bien…