Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

diciembre 04, 2003

Estrategia, pura estrategia

Eso de enamorarse no es más que un proceso bioquímico, al principio. Hay una sustancia —de hecho, ¿eh?— que produce la felicidad en el cuerpo. Somos entes bioquímicos, no se vayan con la finta, es vil calentura, pura química y deseo cochino. El cuerpo se estimula y secreta aditivos que nos hacen amar y luego adjudicamos este fenómeno a un músculo que es el corazón. O sea pura bull shit. Nos enamoramos porque canasteamos nuestras hormonas al punto en que las convencemos de que el cuerpo necesita esa otra piel para recorrerla, besarla, lamerla hasta el punto de escaldar la lengua. Pero todo este proceso es idéntico a la reacción de cuando comemos chocolate. Está comprobadísimo que éste aporta al cuerpo una sustancia similar a la que nos provoca la felicidad. O enamoramiento o enculamiento, ¿qué se yo?, pónganle ustedes el nombre. La teobromina, un estimulante que se produce cuando comemos chocolate, aumenta los latidos del corazón. Punto número uno. Este compuesto nitrogenado (no se pierdan, la teobromina) estimula el tono cardiaco después de que el hígado ya lo procesó. El cerebro recibe la señal de ponerle la tambora y el niño perdido al corazón. Punto número dos, ahí está, bioquímica manda a cerebro, mente controla o descontrola corazón.Por ello la estrategia... si el enamorarse no es bien manejado, nos quedamos como vegetales en friega haciendo la fotosíntesis. Y a la larga, la bioquímica resulta aburrida. Por Dios, si digo citen a 5 filósofos célebres, hasta un reportero de espectáculos los nombraría (dos de ellos podrían ser marcas de carros alemanes, pero bueno, andarían cerca). Pero nadie, citaría los nombres de cinco bioquímicos famosos. Además, si resulta pura bioquímica, eso aquí y en Arteaga, Nuevo León se llama calentura.Prosigo. Enamorarse resulta ser un proceso que tras el destanteamiento corporal debe ser analizado y evaluado de manera que cierta estrategia funcione para llevar más allá del laboratorio hormonal ese estado idílico. Me explico. Ya te enamoraste y el oponente está en las mismas. Después de la etapa romántica (dos o tres meses en que la vida es una estación floral, de luna piena y en la cual puedes besar y ser besado sin dejar de decirse que se aman), viene el momento de erotizar. El chido. Explorar al ser amado. Valles encantados, llanuras interminables para labios que no se cansan, lagos cristalinos. Te bebes su maná y el ser deseado(a) se bebe el vino de tu mejor cosecha. Ya no es romántico solamente: es sensual (Solamente pocas personas inteligentes nos saltamos la etapa ñoña y pasamos directamente a la fiesta de los sentidos, pero eso es cuestión de pragmatismo).La piel se mantiene en comunicación constante con la otra piel. No te cansas, no llenas, te parece poco e injusto (alguna vez habrá que ir a trabajar o al baño, ¿qué se yo las perversiones de cada quién?). Si el trenzamiento de cuerpos (el monstruo de dos espaldas diría Shakespeare) resulta ser la estancia en el paraíso (bíblicamente hablando); señores, señoras, pelada, fácil resulta el camino hacia el enamoramiento intelectual si se añade: una buena conversación, confianza y desprendimiento y cero sentido de la posesión. Ahí es donde se debe aplicar la estrategia porque el “amor” es una palabra que invariablemente remite a guerra, negociación, diplomacia...Tarea: lean a Sun Tzu o a Machiavelo. He dicho