Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

febrero 25, 2004

Sexo en escena

La opus sadicum del Marques de Sade, la suma de todas sus perversiones y rincones oscuros, está plasmada en el libro La filosofía del tocador.

Sade es excesivo: navega en calmas aguas eróticas y de repente como si fuera un Neptuno con diarrea, avienta una marejada de situaciones perversas, olas gigantes de aberraciones y violencia pasiva, activa… Es como un niño cuando aprende a decir por primera vez la palabra caca o puta y se la vive repitiendo a la gente, solamente para ver el pasmo de sus rostros.

Lo maravilloso de Sade, padre del significado y significante de la palabra sadismo, es que supo imprimir a sus exabruptos y depravaciones un lenguaje literario coherente, ágil y fluido, lo que tasa más alto su obra. Lo que no sucede por ejemplo, con el padre del masoquismo, Sacher Masoch, quien en sus narraciones es plano, seco y sin mucha imaginación. Sus perversiones son más aburridas.

Esta obra fue escrita un año después de que el tremebundo saliera de la cárcel, en 1795. Desde entonces, hace vibrar los elásticos de las bragas de todo el mundo. Y dije de todos. Las buenas conciencias perviven en armonía con las mentes degeneradas desde hace más de 200 años, cuando fue creada la obra, así que la bipolaridad moral también tiene sus efemérides.
Sade plantea un muestrario de desviaciones sexuales inimaginables que han posicionado al autor debajo de todos los prismas: el psicológico, sociológico, antropológico y escatológico.

El escándalo ante Sade no solamente radica en la turbulencia que provoca en los más altos valores morales y cristianos, sino porque escarba minuciosamente, con la paciencia de quien hurga en una llaga, las más oscuras cuevas del alma humana.
Los planteamientos eróticos y perversos de Sade existen desde siempre y él se dedicó a ponerlos en blanco y negro para horror-deleite de quienes han abordado su obra con las expectativas más diversas.

Sin duda mucho de lo que escribe es rebasado por mucho en la actualidad. Ya es de lo cotidiano enterarnos de que alguien se come a otra persona por placer, de que existen personas que se excitan ante hechos o visiones inverosímiles, sin contar crímenes horribles de orden sexual cuya mención sale de sobra.
En una forma de redescubrimiento de la obra de Sade, en una interpretación distinta y contemporánea, la compañía teatral La Fura del Baus, de origen catalán, pone a disposición del mundo un impresionante montaje de La Filosofía del Tocador. La obra tachada de pornográfica, escandalosa e irreverente, es adaptada por La Fura con elementos narrativos impresionantes, complementando esta puesta en escena con música, escenografía y actuaciones, que han cimbrado al espectador y al ámbito teatral.

La adaptación estuvo a cargo de Mercedes Abad, escritora diestra en el manejo de las letras eróticas, ganadora del rosado premio de la colección de La Sonrisa Vertical, de Tusquets.

La Fura en esta obra XXX, como le han llamado, narra la iniciación sexual de una adolescente, Eugénie. En la trama la acompañan Madam Lula, una actriz porno en retiro, que se encarga de entrenar a la dulce adolescente en los artificios de la actuación dentro del cine porno. Giovanni, hermano de Madam Lula mantiene relaciones incestuosas con su hermana y Dolmancé, la crema del pastel, agrega los elementos perversos, eróticos, sensuales y narcisistas a una obra revolucionaria del teatro mundial.

La compañía teatral no solamente es legendaria por su irreverencia, sino por los planteamientos artísticos de sus obras. “Cuatro personajes, un tocador y una pantalla gigante son el motor de un viaje por la inocencia, la perversión y la locura”, es parte de la promoción de la obra adaptada de Sade en las diversas sedes en las que ha estado, y entre las que se contarán México y Monterrey en el verano del 2004.

Para que se vayan ambientando un poco, échense un clavado en La Filosofía del Tocador, con la mente abierta y el estómago bien plantado. Con todo y la tridimensionalidad de una obra de teatro, la literatura de Sade y sus efectos siempre irán más allá de la representación que podamos ver en escena o incluso en cine.

Y como postre, les dejo un trío entre Dolmancé, Eugénie y Madam de Saint-Ange.
Dolmancé: Entonces me extenderé sobre ese canapé, usted se colocará cerca
mío, se apoderará del objeto y enseñará sus propiedades a nuestra joven alumna.
(Dolmancé se coloca y Madame de Saint-Ange demuestra).

Madame de Saint-Ange: Este qué ves, Eugenia, este cetro de Venus, es el
principal agente de los placeres del amor; se lo llama miembro, por excelencia.
No hay parte del cuerpo humano en la que no pueda introducirse. Siempre dócil a
las pasiones de quien lo mueve, tanto se mete aquí (toca la concha de
Eugenia)... es su camino ordinario... el más usado, pero no el más agradable;
buscando un templo más misterioso la mayor parte de las veces es aquí (el
trasero) donde el libertino trata de gozar: ya volveremos sobre este goce, el
más delicioso de todos. La boca, los senos, las axilas, le ofrecen también
altares donde quemar su incienso; cualquiera sea el lugar preferido, tras
agitarse unos instantes se lo ve arrojar un licor blanco y viscoso que al surgir
hunde al hombre en un delirio tan vivo como para procurarle los placeres más
dulces que pueda esperar.

Eugenia: ¡Cómo me gustaría ver correr ese licor!