Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

mayo 23, 2004

Ocho buenas razones para comprar un vibrador

Hablar de vibradores me causa cierto repelúz, porque aún recuerdo uno que alguien atesoraba y que a fuerza insistía en usarlo inside mi linda persona. Siempre me rehusé a esa intromisión a mis cavidades porque ese adminículo me parecía muy antiguo, chafa y me daba la impresión de que se le iban a salir las baterías mientras lo estuviera manipulando. Cosa que sucedió años después.... Se “desconchinfló” como dirían los chihuahuitas.Luego me enteré que el individuo en cuestión había comprado dicho aditamento en Estados Unidos cuando aún se usaban los moños de tul en la cabeza, en la época en que Madonna empezó a vestirse con corsets y cuando Michael Jackson todavía era negro. Es decir, el consolador había sido adquirido cuando yo era una bebé de brazos y este bárbaro del norte pretendía introducir (repetidas veces) esa reliquia en las diversas flores de mi secreto.El estaba en la preparatoria cuando adquirió esa antigüalla, ergo, era un instrumento para el entretenimiento de su novia de entonces, mujer que ahora es la respetable esposa de un señor calvo y rolliza madre de dos criaturas.El dichoso aparetejo era blanco y de un tamaño que nada qué ver. Parecía un supositorio gigante que emitía un leve zumbido. El adminículo plastifálico usaba pilas doble AA, y ya salíamos de gane si al menos encendía cuando se era necesario. Un absoluto y rotundo fraude.Consideré que, dadas mis capacidades de negociación y diplomacia en la vida, no iba a ser necesario que me consiguiera una de esas anchetas de pecatriche jariosa. Luego una amiguita mía se compró lo que ella denomina “el Cadillac de los consoladores”. Un Honey-Bunny de color rosa, de rosado plástico suavecito, y que a la mitad del tallo, cuenta con un amoroso receptáculo lleno de unas diminutas esferas que se mueven como si se acariciacen.Me detalló sus funciones: tiene diferentes velocidades, ¡control remoto!, te estimula el punto G, el clítoris, las paredes vaginales, rueda, se agita y se hace el muertito. Un estuche de monerías de estos tiempos hipermodernos, en donde el placer debe obtenerse acueste lo que acueste. Me sentí maravillada ante tanto despliegue de tecnología fálica. ¿Cómo puede existir algo que otorgue tanto placer y regocijo, sin que hable y se aviente flatulencias? Me imaginaba un anuncio promocional del consolador Honey-Bunny: una mujer vacía en una mesa el cajón de su buró, que contiene una variada cantidad de dildos, consoladores, látigos y mangos de sartenes... y luego los deposita en la basura con un rápido abanicazo de la mesa hacia el bote.En la siguiente toma aparece el Honey-Bunny con rayos y centellas rodeándolo y luego el plano se disuelve a una figura en contra luz del Honey-Bunny que se va aclarando y cuando ya está perfectamente visible, le aparece una angelical aureola.Al final disolvencia y eslogan: Honey-Bunny, atrévete a sentirlo, una y otra vez.En fin, comprobada mi fallida capacidad para anunciar cualquier cosa, paso a lo siguiente... He pensado que quizás podría sugerirle a mi actual alguien que me regale uno ahora que será mi santo (20 de Junio, Santa Elia Abadesa). Pero pienso que se rehusará a compartirme con algo que tenga pilas y control remoto. Pero ya que andamos de sugestivas, evalúen: un consolador será un buen compañero, un amigo solícito e ideal cuando:

- El individuo sea un eyaculador precoz.
- El señor no pueda hacerlo porque está ebrio o demasiado cansado, drogado, o viendo el fútbol.
- Hiciste una mala elección en tu aventura nocturna y el tipo no solamente hizo una pésima faena, sino que cuando la termina, tu apenas te estás desabrochando el brassiere.
- El hombre te dice: me encanta estar así contigo, pero preferiría que no lo hiciéramos porque tengo esposa.
- Te es imposible hacer el amor sin prescindir del coito.
- Es insuficiente, insípido, incoloro e incómodo el vibrador con que la naturaleza dotó a tu pareja.
- Viagra, Cialis, Levitra no hacen su trabajo y no erigen nada.
- Te das cuenta que la carne masculina que regularmente consumes, es la misma de hace un año y ya apesta.

En fin, pretextos para gastar sobran y textos para sobrevalorar el coito mediante pene u objeto de plástico abundan, así que cada quien haga como pueda con lo que a la mano tenga.

Más de cien palabras, más de cien motivos: ivaginaria@yahoo.com.mx


mayo 04, 2004

Amazonas y partenogénesis

Primero que nada me opongo a que los hombres sean erradicados de la tierra solamente porque en un futuro quizás no muy lejano no sirvan ni para una reproducción decente. Yo defiendo el derecho universal de toda mujer al pene, o a lo que cada una crea que es un pene. Es una cuestión de simple genética y de solidaridad con el género opuesto.

Pero la ciencia, ¡ah, el maldito progreso!, evoluciona más rápido que una caricatura japonesa y pronto nos va a dejar sin lo más divertido y nos va a ofrecer: simuladores de fornicio para evitar enfermedades de transmisión sexual, embarazo sin necesidad de espermatozoides o con el semen de tu artista pop preferido, consoladores de control remoto (¡ok, ya hay, ya hay, pero yo no necesito de esas cosas, por eso no estoy actualizada!); y para colmo sin hombres a quién atormentar, chantajear, amar o que nos victimicen.

Todo este exordio viene a colación por el informe que la revista Nature dio a conocer acerca del nacimiento, sano desarrollo e incluso reproducción de Kaguya, la ratoncita que nació de dos hembras. Científicos japoneses manipularon el ADN de mamás ratonas de manera que dos de sus genes actuaran como masculinos. Produjeron óvulos genéticamente modificados que combinaron con óvulos convencionales. Mezclaron, fertilizaron, lo vaciaron en una copa de martini y de ahí salió Kaguya.

Claro, luego de haber puesto en la coctelera a otros 457 óvulos, nacieron dos crías, pero el mal parto mató a una de ellas y se quedó nuestra heroína, proveniente de la partenogénesis, que en castilla quiere decir: “nacido de una virgen”. Los científicos de todo el mundo ya se han pronunciado como con lo hicieron respecto a la clonación: es un descubrimiento que éticamente puede ser nocivo si se lleva a cabo en seres humanos.

Obviamente va a ser nocivo. La eyaculación será nostalgia, el pene un totem empolvado, y el fornicio convencional pene-vagina, una especie de rito sucio que equivalga a barbarie, y ¿quién va a dejar a tapa de la taza del baño levantada después de haber orinado el borde?

¿Será que las amazonas tenían razón y ésas si eran mujeres adelantadas a su tiempo? La sociedad conformada a base de población femenina es un delicioso (y aburrido) mito griego que solamente nos sirve para enaltecer nuestro empoderamiento. Porque por más que les estorbe el género masculino a muchas, hay un candado genético que exige, de alguna forma, la presencia del espermatozoide para la reproducción. (¡Ash, pero también existe la tienda de semen congelado!)

Además, aunque las amazonas no estuvieran con alguien detrás de ellas diciéndoles que no se pusieran la falda tan corta o que no montaran a caballo sin calzones, sí requerían a los hombres de extranjia para reproducirse. Pero mataban a los bebés varones o los mutilaban y se quedaban con las niñas, así que digamos que conservaban unas mañas muy bárbaras que son un rasgo muy masculino, para qué nos hacemos...

La reina amazona, Pentesilea, si fue la única que perdió las bragas por un individuo, que le pagó mal. Me dan hasta ganas que Paulino Vargas le haga un corrido. Cayó redonda ante Aquiles, a quien casi le abrió tarjeta de crédito mancomunada con línea abierta. Es decir, sucumbió ante el poder del pene. Finalmente Aquiles terminó enterrándole una lanza envenenada en medio de una batalla de la guerra de Troya, con lo cual queda comprobada la sentencia de que a los hombres ni todo el amor, ni todo el dinero. Y peor, Aquiles por muy héroe y armadura hecha por Hefesto, era un mortal perdedor que tenía un talón fallido. Con eso también se cumple la consigna de que las mujeres poderosas acaban enamorándose de simples güeyes.

Prescindir de los machos también implicaría, como las Amazonas, dejar de lado los afeites y cosméticos y concentrase en las lides guerreras solamente. Como buenas hijas de Ares y de Harmonia, eran unas devotas de las broncas campales, y adoraban a Artemisa, la diosa de la caza. Para desempeñarse victoriosamente en la batalla debíanse cortar un pecho, lo cual implicaría una reinvención del brassiere. El nombre de amazonas deriva del griego “amazwn” que equivale a “sin pecho”, cosa que da terror a muchas mujeres hoy en día.

La madre natura impide hasta el momento que nuestra reproducción sea exclusivamente con nuestros huevos. Es decir, el óvulo todavía necesita su espermatozoo y éticamente la ciencia no permite semejante experimentación, por más que los raelianos se enojen y ahora intenten “crear” otro ser humano como aseguran que lo hicieron.

Quizás ante esta magna evolución de la ciencia, el género masculino debería tomar conciencia acerca de la urgencia de hacerse más necesario, no solamente para mantener la especie, sino para que nosotras mismas los consideremos fundamentales: con ello cumplirían el deseo oculto de Pentesilea: tener a Aquiles como proveedor de amor y fornicio (que era para lo único que lo necesitaba, ash).