Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

mayo 04, 2004

Amazonas y partenogénesis

Primero que nada me opongo a que los hombres sean erradicados de la tierra solamente porque en un futuro quizás no muy lejano no sirvan ni para una reproducción decente. Yo defiendo el derecho universal de toda mujer al pene, o a lo que cada una crea que es un pene. Es una cuestión de simple genética y de solidaridad con el género opuesto.

Pero la ciencia, ¡ah, el maldito progreso!, evoluciona más rápido que una caricatura japonesa y pronto nos va a dejar sin lo más divertido y nos va a ofrecer: simuladores de fornicio para evitar enfermedades de transmisión sexual, embarazo sin necesidad de espermatozoides o con el semen de tu artista pop preferido, consoladores de control remoto (¡ok, ya hay, ya hay, pero yo no necesito de esas cosas, por eso no estoy actualizada!); y para colmo sin hombres a quién atormentar, chantajear, amar o que nos victimicen.

Todo este exordio viene a colación por el informe que la revista Nature dio a conocer acerca del nacimiento, sano desarrollo e incluso reproducción de Kaguya, la ratoncita que nació de dos hembras. Científicos japoneses manipularon el ADN de mamás ratonas de manera que dos de sus genes actuaran como masculinos. Produjeron óvulos genéticamente modificados que combinaron con óvulos convencionales. Mezclaron, fertilizaron, lo vaciaron en una copa de martini y de ahí salió Kaguya.

Claro, luego de haber puesto en la coctelera a otros 457 óvulos, nacieron dos crías, pero el mal parto mató a una de ellas y se quedó nuestra heroína, proveniente de la partenogénesis, que en castilla quiere decir: “nacido de una virgen”. Los científicos de todo el mundo ya se han pronunciado como con lo hicieron respecto a la clonación: es un descubrimiento que éticamente puede ser nocivo si se lleva a cabo en seres humanos.

Obviamente va a ser nocivo. La eyaculación será nostalgia, el pene un totem empolvado, y el fornicio convencional pene-vagina, una especie de rito sucio que equivalga a barbarie, y ¿quién va a dejar a tapa de la taza del baño levantada después de haber orinado el borde?

¿Será que las amazonas tenían razón y ésas si eran mujeres adelantadas a su tiempo? La sociedad conformada a base de población femenina es un delicioso (y aburrido) mito griego que solamente nos sirve para enaltecer nuestro empoderamiento. Porque por más que les estorbe el género masculino a muchas, hay un candado genético que exige, de alguna forma, la presencia del espermatozoide para la reproducción. (¡Ash, pero también existe la tienda de semen congelado!)

Además, aunque las amazonas no estuvieran con alguien detrás de ellas diciéndoles que no se pusieran la falda tan corta o que no montaran a caballo sin calzones, sí requerían a los hombres de extranjia para reproducirse. Pero mataban a los bebés varones o los mutilaban y se quedaban con las niñas, así que digamos que conservaban unas mañas muy bárbaras que son un rasgo muy masculino, para qué nos hacemos...

La reina amazona, Pentesilea, si fue la única que perdió las bragas por un individuo, que le pagó mal. Me dan hasta ganas que Paulino Vargas le haga un corrido. Cayó redonda ante Aquiles, a quien casi le abrió tarjeta de crédito mancomunada con línea abierta. Es decir, sucumbió ante el poder del pene. Finalmente Aquiles terminó enterrándole una lanza envenenada en medio de una batalla de la guerra de Troya, con lo cual queda comprobada la sentencia de que a los hombres ni todo el amor, ni todo el dinero. Y peor, Aquiles por muy héroe y armadura hecha por Hefesto, era un mortal perdedor que tenía un talón fallido. Con eso también se cumple la consigna de que las mujeres poderosas acaban enamorándose de simples güeyes.

Prescindir de los machos también implicaría, como las Amazonas, dejar de lado los afeites y cosméticos y concentrase en las lides guerreras solamente. Como buenas hijas de Ares y de Harmonia, eran unas devotas de las broncas campales, y adoraban a Artemisa, la diosa de la caza. Para desempeñarse victoriosamente en la batalla debíanse cortar un pecho, lo cual implicaría una reinvención del brassiere. El nombre de amazonas deriva del griego “amazwn” que equivale a “sin pecho”, cosa que da terror a muchas mujeres hoy en día.

La madre natura impide hasta el momento que nuestra reproducción sea exclusivamente con nuestros huevos. Es decir, el óvulo todavía necesita su espermatozoo y éticamente la ciencia no permite semejante experimentación, por más que los raelianos se enojen y ahora intenten “crear” otro ser humano como aseguran que lo hicieron.

Quizás ante esta magna evolución de la ciencia, el género masculino debería tomar conciencia acerca de la urgencia de hacerse más necesario, no solamente para mantener la especie, sino para que nosotras mismas los consideremos fundamentales: con ello cumplirían el deseo oculto de Pentesilea: tener a Aquiles como proveedor de amor y fornicio (que era para lo único que lo necesitaba, ash).