Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

enero 10, 2005

Adolescentes cachondos

En la hermosa etapa de la adolescencia uno piensa solamente en una cosa: en cómo, dónde, a qué horas y con quién poner a trabajar nuestra genitalia, la cual en una explosión hormonal, hasta piensa por sí misma.Los varones se la pasan con su carpita de circo en su pantalón y las chavas se la viven todas sacadas de onda porque les van y les vienen los jervores hormonales de su despertar al sexo. Como dice un amigo mío, cuando eres adolescente hasta porque te da el aire se te pone una erección o incluso cuando no estás pensando en nada.Así es el ciclo del ser humano, nace, crece, se desarrolla, aprende a reproducirse, se da cuenta que no se puede reproducir tocándose a él mismo, ensaya la reproducción, aprende trucos en la reproducción, se reproduce en la reproducción y luego muere (y mucho mejor si es durante la reproducción, porque la muerte chiquita se vuelve la muerte neta).La adolescencia como paraíso de la hormona, es una fiesta en donde nuestras glándulas enloquecen y están como en una tómbola, y la verdad es que siempre queremos algo que no sabemos ni por qué lo deseamos, pero de que traemos l´ansia, la traemos. Por más que los padres protectores intenten poner corchos y tapones en las vaginas de sus criaturas e intenten forrar con alambre de púas los penes de sus chamacos, no habrá poder humano que combata la fuerza de la hormona, que saldrá a buscar cualquier asiento en la última fila del cine para encontrar el desfogue que el cuerpo pide. Esa es la naturaleza humana. Aquí no caben argumentos morales ni reglas ni protocolos: el cuerpo pide, quiere y como animales que somos experimentamos la calentura, por lo que la adolescencia constituye la puerta abierta a la primavera, como lo es el celo en cualquier animal sobre la tierra.Por mí, mij@s, arránquensela, que cada quien sabrá de los actos impíos o gloriosos que cometa con su genitalia. Pero antes de liberar a Willy en el océano del erotismo consideren al menos la opción de ponerse un condón, ellos; y de exigir al individuo que se la enmique, ellas; y de por favor, tomar 30 segundos de lucidez antes de ceder a la calentura juvenil y colocar como manda el manual el hule en el pene a utilizar en el acto fornicatorio.Si van a encamarse, por favor, niños y niñas, escuchen lo que les dice la voz interior. Ash...Ya sé, no vengo al caso y como quiera saltarán del ropero en un clavado con triple salto mortal, pero antes del sexo siempre habrá una voz de alerta que te diga: ponte bien el condón, no dejes que te penetre por donde no quieres, en realidad no tienes ganas de hacerle el sexo oral, ¿cómo se llama?, no deseo que me haga eso...Al sexto sentido un@ nunca le hace caso y siempre acierta, así que si no están cien por ciento segur@s de follar con alguien, mejor vístanse y váyanse. Si se enoja el tipo o la tipa es que no valía mucho la pena. Sé que en el caso de que un hombre se raje a la mera hora es un tanto difícil, porque muchos adolescentes varones se tiran al colchón aunque sea con un par de milanesas, pero también ostentan el derecho de apartarse del cuerpo de la susodicha.

Zorra o fresa

Y así como las competencias de a ver qué hombre ha tumbado más pinos en el boliche del fornicio, las chavas experimentan una enorme presión de las criaturas que las rodean por el asunto de la pérdida de la virginidad. Si ya la perdiste eres una zorra y si no eres una fresa. O sea, ¿qué término medio existe entre zorra y fresa? Es decir, si tu novio te ha penetrado, pero sólo la mitad del pene y no rompió el himen, entonces, ¿eres zorra o fresa? Si tu adolescenta de la vida y del amor, has fajado con todo el equipo de básquetbol de la secundaria, pero ninguno te ha penetrado, entonces eres una virgencita y por tanto, fresa, porque aunque tus calzones decoren las cabeceras de un ciento de recámaras, has guardado tu virginidad. Y si tienes un novio con el que hiciste el amor y hubo un coito, entonces, considérate la zorra más peluda de la comarca. ¿Qué idiotez es esa?La primera vez para las chavas constituye un evento hiper valorado que le pone el sello de puta o santa a una niña que muchas veces va al matadero creyendo que debe acostarse con el individuo porque ya es la última del grupo que no ha tenido un coito. Además ni que el coito fuera la gran cosa. Es meter un pene en una vagina y hacer fricción. Gran cosa. Lo hace cualquier pistón en un motor equis.Lo chido del sexo (como en las cantinas) es la botana. El juego previo, las caricias, reírse, platicar, hacer exploraciones a las catacumbas de cada cuerpo, es la escencia de un acto sexual, no sean tróglodas y se vayan directo a la genitalia.Perder la virginidad no es la gran cosa. Ejecutar el acto sexual por perder un estatus de virgen es una tremenda estupidez y más si debes hacerlo con un tipo que solamente piensa en el sexo como un acto de penetración y no como el ritual erótico que es. Si él tiene muchas ganas de un coito, pues regálale un pay de manzana o que le haga mañas a un melón congelado. Esos no le van a poner objeciones a todo lo que quiera hacer el nene.Además, ¿a quién le debe de importar a quién dejas entrar o no a tu cuerpo?

La paja es de quien la trabaja

La masturbación es la cereza del pastel de la adolescencia. Como el criaturo se da cuenta de que si se toca se aloca, le faltarán manos para hacerse la paja 24/7. Todos los días todo el día. Alguien me contó que una vez de tanto hacérsela se le puso un poco hinchada y deforme como si éste fuere un camotito hervido. Corrió con un especialista, un mocosuelo dos años mayor que él, experto en las artes del triple salto mortal en la masturbación y le contó el problema.El médico de la esquina le dijo: “ya no te la estés meneando tanto” y milagroso remedio. Por un par de horas que dejó de masturbarse se medio desinflamó el pene, que en realidad estaba enojado ante tanto manoseo, y los testículos, pasitas desgastadas, lo que querían era una vasija de hielitos en donde reposar el sobrecalentamiento del horno que tuvieron. Entrar por la puerta grande a la sexualidad sea con su pareja o con ustedes mismos debe ser siempre un acto de amor propio. Es decir, que te valga lo que los demás quieren de ti, porque primero está tu cuerpo y tus ideas, y lo que menos quieres es compartir las infecciones con tu novio o que tu chava te haga papi a los 15 años.

Si va a haber fiesta de sexo, que haya muchos globos de condones, poca bebida en las panzas y una pareja que sepa bailar bien sin pisarte.