Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

febrero 08, 2005

La mano que mece la cuna

Mi lectura más reciente ha sido el libro “El Orgasmo Femenino”, de Shere Hite (una autoridad en el mundo de los sexólogos y sobre todo, responsable de muchas investigaciones que han dado mucha luz a los porqué de nuestra sexualidad en una era en la que, lamentablemente, todavía hay mucho oscurantismo.

En un planeta en donde hay regiones en donde las bebés son violadas porque se cree que esta práctica cura el sida, que tiene países que practican la mutilación genital femenina y en donde hay niñas que se prostituyen desde la más temprana edad, es preciso recalcar que las zonas oscuras del comportamiento sexual y social necesitan muchos informes de Hite y de más especialistas.

La relación que las mujeres guardamos con nuestro cuerpo y sexualidad, al menos en una franja bastante amplia en Occidente, está matizada por la culpa, el secreto, el pecado, y una serie de prejuicios estúpidos que, aceptémoslo, entorpece de una forma gravísima el desempeño en la cama y dificulta el goce sexual.

Por ejemplo, y me voy con cifras del Informe Hite para sustentarla: las chavas empiezan a masturbarse a los siete años y el 60 por ciento antes de llegar a los 12. Las nenas descubren este acto porque están súper alertas a lo que su cuerpo les dice: ponen atención a cada una de las señales de su cuerpo --su templo, como lo llamaría Novalis --, y poseen una especial sensibilidad a sus cambios anatómicos.

Hace un tiempo reseñé un libro que se llamaba “El Manual de la Manuela” --Sí, qué lindo --, la obra de Antonio Armonía enumeraba poética, práctica y emotivamente cada una de las formas en que el hombre puede masturbarse… como si necesitaran manuales, ¡pero bueno!

Si hay libros hasta para que las mujeres se vuelvan cabronas, ¿por qué no ha de haber uno que ilustre a los neófitos en cómo hacer el salto de la muerte con mano muerta y triple salto de dificultad? (Movimiento que por cierto, este libro no menciona).

Pero... ¿y nosotras? La verdad es que las mujeres realmente necesitamos una guía para hacernos la paja, pero sobre todo, una para contrarrestar la conminación a que podamos disfrutar de la sexualidad femenina en toda la extensión de la palabra. Aunque no lo crean, a estas alturas del siglo XXI hay muchas mujeres que no se atreven a masturbarse porque su excesiva cantidad de pudor no les deja explorarse de una manera completa y sobre todo, de una forma plena.

Una amiga mía me preguntó con cierta alarma si yo lo hacía con regularidad. Le dije: no soy precisamente la novia eterna de la mano derecha (soy diestra, mijos), pero nunca he tenido ningún problema en proporcionarme la autoasistencia… y de manera bastante efectiva. Y cuando se me duerme el brazo pues siempre hay alguien que me auxilie, en sí eso no es problema de discusión, debate ni reseña para esta columna.

Aquí lo importante es que cada una de nosotras primero que nada se aventure a conocer su anatomía:

- Ponte de pie con una pierna encima de un banco o de una silla y coloca un espejo de frente a tu vagina.
- Cuando te des cuenta en realidad de lo que fea que es y te sobrepongas del susto, entonces procederemos a la segunda parte, que es la divertida… ya en serio, pese a que la vagina y sus dentros son bastante “giú”, debemos reconocer que jamás existirá ninguna otra cueva que ofrezca más tesoros y más placer que éste. He dicho.
- Gracias a que ya sabes en donde están guardados tus puntos de placer, es preciso que tú misma hagas una exploración manual (de preferencia con la manita lavada, por favor) para que distingas cuál es tu punto personal y preferido. Puedes estar tocando el clítoris, el punto G, o cualquier spot de la vagina, pero no todas sentimos igual, ya que nuestra genitalia tiene una personalidad distinta a la de otra dama.
- Trata de estar en un ambiente relajado y disponer de tiempo… pon velitas o incienso, tómate tu tiempo y dos tequilas si quieres; no somos como los hombres quienes pueden encerrarse en el baño dos minutos y salen listos y complacidos.
- Quisiera ser más gráfica y dar más tips para tu exploración efectiva, pero en cuestión de mujeres una nunca sabe. Somos distintas. Frota, circula, masajea y acaricia gentilmente la zona que más te dé placer y cuando sientas que vas a terminar, no pares.
- Quizás sientas como que no se va a detener, pero eso tarde o temprano va a suceder. Posiblemente sientas el orgasmo (vaginal o clitoridiano) y experimentes altas y bajas en la sensación. Entonces te pones una estrellita porque eso fue un orgasmo múltiple.

El hecho de que las mujeres no experimenten la masturbación les resta más de la mitad de la diversión en su vida sexual y sobre todo, están dejando de tener fornicio con la persona que más aman en su vida. ¡Así que manos a la obra!