Ivaginaria, de Elia Martínez-Rodarte.

Una columna de sexo y relaciones. Todos los textos: Copyright © Elia Martínez-Rodarte 2005

abril 18, 2005

Dr. Kinsey y el laberinto del sexo

Liam Neeson ha hecho mucho mejores papeles que el que realizó como el Dr. Alfred Kinsey en la película que recrea la biografía de este señor don científico, que aportó muchísima luz a la sexualidad gringa: le levantó la falda hasta la cabeza a la doble moral norteamericana, le bajó las bragas, le tentoneó los genitales y luego le sacó las verdades más oscuras de sus entretelas.

Con hombres, mujeres, y toda clase de “pervertidos” y reprimidos, Alfred Kinsey pudo elaborar una radiografía precisa de los usos, costumbres y mañas que poseían los norteamericanos en los años cincuenta, estudios de los cuales surgieron algunos reportes que más adelante les mostraré. Pero así como Kinsey fue y encueró sin piedad a la masa informe del pensamiento y actitud sexual de los estadounidenses, vino un viento derechoso, un movimiento ultramoralista de los tiempos anticomunistas y volvió a bajar la falda, subió los calzones y juntó toda la basura y la metió debajo de la alfombra, por lo cual hacen falta muchos estudios sobre sexualidad para saber en dónde se quedó el eslabón perdido que desquició el desmadre sexual que hay en gringolandia que se traduce en ignorancia y prácticas sexuales sin protección.

Me ha dado mucha ternura y a la vez una ansiedad horrible, el hecho de que este filme que recrea una sociedad absolutamente cerrada y hermética al conocimiento sexual pudiera haberse filmado en un entorno contemporáneo. Mucha gente hoy en día cultiva las mismas telarañas en la mente y la mayoría de las personas carece de una educación sexual sólida que le permita, no digamos ya que tenga una vida erótica saludable, sino que cuando menos se desempeñe con un sano conocimiento de la sexualidad, su fisiología y cierta ética que permita llevar a esta especie a una reproducción inteligente. Kinsey actuó de buena fe en su recopilación de los andares, decires y piensos de una sociedad encorsetada y cuya falta de irrigación del conocimiento, ciertamente les obnubilaba las ideas.

A más de cincuenta años del escándalo Kinsey y sus implicaciones en la vida sexual de las buenas gentes norteamericanas, no tenemos aún la suficiente conciencia sexual ni conocimiento. Sin embargo existe la posibilidad de que algunos de esos hallazgos nos ayuden a enderezar los rumbos del pensamiento sexual actual, orientando el panorama hacia, espero, una vida sexual más plena e informada.

Los reportes de Kinsey fueron: Sexual Behavior in the Human Male y Sexual Behavior in the Human Female, e iniciaron su aparición en 1948. Más tarde se instituyó el Instituto Kinsey, que cuenta con materiales sobre el tema sexual y reproductivo sumamente interesantes y valiosos. Según el reporte Kinsey, el 92 % de los hombres se masturba, y los que evitan esta práctica es porque tienen enquistado en el cerebro lo que les decían en el catecismo: te van a salir pelos en la mano o te vas a quedar ciergo. El 62 % de las mujeres se masturba, y temo que ese porcentaje sería válido cincuenta años después. Las mujeres conocen muy poco sus órganos reproductivos. Sin embargo y para que vean que el coito está tan sobrevaluado, la masturbación masculina disminuía al casarse los hombres, porque sus relaciones sexuales eran como una paja asistida: al tener una pareja fija y estable, ellos encuentran un lugar a donde ir a tirar su sema, sin importar muchas veces las circunstancias que rodean al acto sexual, ya no digamos erótico.

Los números de Kinsey indican que el 68 % de los varones son adúlteros y el 50 % de las mujeres incurrían en una indiscreción extramatrimonial. Considero que ahora la cosa está tablas. Trabajan más mujeres, son el primer consumidor de una gran mayoría de las economías desarrolladas y su poder adquisitivo ha crecido desmesuradamente. Si tienen más dinero, más poder y más independencia, ergo, sus opciones sexuales, cualquiera que sea su estatus civil, son muchas.

Según Kinsey, el 37 % de los hombres y el 13 % de las mujeres han vivido una experiencia homosexual teniendo ésta como resultado un orgasmo. Es decir, en el fondo todos tenemos un bisexual dormido, a la espera de que llegue una presa idónea. Apoyo esa moción. No es descabellado pensar en ese enamoramiento que causa la admiración hacia una persona, aunque sea de nuestro mismo género.

Kinsey fue un científico revolucionario, ciertamente, que a mi juicio le faltó quizás un poco de sensibilidad al tratar a sus objetos de estudio (seres humanos), sin embargo en esta misma frialdad pueda encerrarse una cierta consideración a la intimidad y fragilidad humana en estos temas. Aunque finalmente utilizó el método científico y obtuvo resultados muy concisos.

Posee el logro de haber superado la tesis de que la niñez es destino en cuanto a sexualidad como lo planteó Sigmund Freud y abrió más frentes de discusión respecto a los usos y costumbres de la sexualidad humana.
Planteó sobre la mesa todos los problemas sexuales y realidades que asfixiaban a la sociedad norteamericana. En ese terreno sin embargo, a Estados Unidos y al mundo le faltan todavía muchísimas soluciones.